Fin de la adicción

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Hay mono por Breaking Bad, es indudable. El hecho de que la quinta temporada fuera divida en dos tandas de capítulos reforzó este sentimiento y aunque la espera se haya hecho eterna, podemos afirmar que mañana (por fin), llega a nuestras pantallas el conflicto final de Heisenberg.

Allá por el año 2008 comenzaba su andadura Walter White y con él una carrera vertiginosa hacia el poder, una carrera en la que ha logrado grandes cosas y  ha perdido muchas otras. Porque llegar al cielo y al infierno a la misma vez sólo es posible en Breaking Bad. Los límites de la moralidad son borrosos y debemos ser nosotros quienes establezcamos juicios morales y decidamos su veredicto, en esta serie jugamos a ser Dios.

El éxito de Breaking Bad reside en la evolución que sufren sus personajes. Esta metamorfosis de la que tanto se habla, se logra gracias a la amplitud narrativa que otorga un dominio tan extenso como el de una serie de televisión, donde los límites los impone el propio guionista y no la duración concreta que establece un largometraje.

Durante 5 temporadas y media hemos podido observar como cada acto, cada decisión y cada consecuencia ha mermado profundamente en sus personajes. El resultado final es un caos que dista, y mucho, de sus comienzos. Atrás quedó ese debilucho y familiar profesor de química ahogado por sus deudas, ahora es el turno de Heisenberg y su desamparada soledad.

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